martes, agosto 30, 2005

caminando

Andando en la dirección donde se pierde el camino, sigilosamente, donde los sueños se desdibujan
allí, ahí, se me cierran los ojillos
y me acurro soñolienta, y pienso en algo bonito.

Si quisiera, podría moverme un poquito más, y llegar algo más lejos
Si pudiera, podría andar algo más, y llegar al final
Pero no puedo, no quiero
Y sigo, soñolienta, pensando en princesas y en gatas felices
en cuentos hermosos, y en barones rampantes encaramados a árboles

Y me aferro a mi infancia
de niña marchita
a mi pequeña locura

De días de mentira

lunes, agosto 22, 2005

retrato en el balcón

es una de esas calles estrechas, de casitas bajas, de esas calles que aquí ya sólo quedan en el centro del pueblo. Los edificios no son muy altos, apenas superan las tres plantas. Los balcones tienen las barandillas de hierro forjado, y las ventanas tienen sus porticones pintados, en losque se acumulan capas y capas de pintura a lo largo de años y años.
Y él siempre está allí sentado, en su pequeño balconcito, en una casa que casi parece de juguete, y en su silla de madera encasquetada entre el porticón y una maceta medio marchita.
La primera vez que lo descubrí, fue de casualidad, pasaba por la calle y levanté la vista al apartarme el flequillo. Y la imagen me dejó helada. Las siguientes veces me dediqué a buscarlo, y siempre estaba ahí, aproximadamente a la misma hora.
Hubiera sido otro viejo más tomando el fresco. Hubiera sido otro vecino más en la calle asomado al balcón. Hubiera sido cualquier otra persona, si no fuera el hombre más triste y solo del mundo.

Pero se trata, simplemente,de un hombre que se sienta solo en el balcón, y coloca frente a si, una silla con el retrato en blanco y negro de una mujer de unos veinte años.Y lo mira. La mira. Y mantiene mentalmente diálogos imaginarios con ella, y le cuenta cosas y le explica cotilleos. Y le dice cuánto la quiere. Y la mira y mira.Y así permanece, hasta que empieza a oscurecer, y no consigue distinguir el rostro de la mujer del fondo de la fotografía. Entonces se retira hacia dentro, y vuelve a colocar cuidadosamente el retrato de la mujer sobre la cómoda.

A veces me lo imagino, durmiendo solo en su gran cama solitaria de matrimonio, con el hueco de la mujer junto a él, y sus manos, buscando inútilmente su calor ausente.

jueves, agosto 04, 2005

burgueses

colocaba meticulosamente mis nuevas adquisiciones en la estantería, acariciando suavemente el lomo de los libros y quitando las inoportunas motas de polvo que había sobre la repisa.
me miraba con curiosidad y de repente me dijo: “más libros, ¿es que no paras de comprar?”
no le hice mucho caso y continué con mi pequeño ritual
“el otro día ya eran cinco más, y la última vez que te encontré en Barcelona era un tebeo o un cómic original que decías que era traído de no sé donde”
“de Londres”- le contesté mientras seguía ordenando la estantería.
“por no hablar de la bicicleta!!!”él seguía haciendo revista
“la bicicleta fue un regalo”
“lo que tú digas, pero a mi me parece que te estás aburguesando”
hijo de puta. encima se permitía el lujo de parafrasearme. Odio cuando me roban mis comentarios graciosos. No soporto cuando se creen en posición de meterme un gol sólo porque estoy con las defensas bajas. Y mucho menos que lo hagan utilizando mis propios puñales.
“no me estoy aburguesando, querido, todo lo contrario se trata de un proceso de proletarización.”
“ja!!”-se rió en mi cara
“en serio. por mucho que trabaje nunca llego a un estado completo de felicidad, y el único consuelo que me queda es gastarme el sudor de mi frente en pequeños fetiches que me hacen feliz momentáneamente. En el fondo me estoy montando un pequeño capital a base de objetos inútiles e inservibles que sólo otro friki más desquiciado que yo querría comprar.”
“¿¿y eso no es aburguesarse??”
“no. el burgués gasta sin ser consciente del valor real de las cosas, es decir, las horas de cansancio y de trabajo que han sido necesarias para poder cambiarlas por un objeto-fetiche. Y no lo sabe por la sencilla razón de que los que trabajan son sus subordinados no él mismo.
Yo. En cambio. Soy consciente en todo momento de las horas que tengo que estar soportando borrachos o rebuscando en las bibliotecas para poder comprarme un librito o ir al cine.
Sé lo que cuesta mi sudor y mi cansancio.
Y lo más triste de todo, créeme…es que lo vendo muy barato”
“jajajajajaja” -se rió con una carcajada larga y grande
“Sí, tú ríete. Pero cuando esté realmente aburguesada, podré pagarme yo sola el piso y no tendré por qué soportar tus comentarios imbéciles y gilipollas.
Y ese día, créeme, lo celebraré con alguna frivolidad realmente burguesa”