sin posibilidad de escapatoria
intentaría mostrar algún tipo de desesperación
intentaría gritar o enfadarme
pero hasta para esto estoy agotada
intentaría salir corriendo y huir
pero sé que tampoco lo conseguiría
reconozcámoslo
we're lost
y la rutina y la realidad hará lo posible
cada día
para que nuestros planes fracasen
una y otra vez
dias de fiesta
me apetece comer algodón de azucar
pasear y comprarme collares hippies que jamás volveré a usar
ensuciarme las zapatillas de barro
me apetece saltar en las camas elásticas
quiero ver cómo me echan las cartas del tarot
y me intentan vender piedras del mismísimo Nilo
quisiera, cómo siempre, volver a ser niña, y disfrutar de la fiesta
y no estar tan cansada
casi tan muerta
elvis en el sofa
Alba llegó a casa un día y escuchó un maullido. Esto le extrañó bastante, más que por el hecho de que fuera un maullido, por el mismo ruido en si. La casa siempre estaba vacía y nunca se escuchaba ruido (excepto cuando ella estaba dentro, entonces el ruido salía de todas partes). Al abrir la puerta de casa el maullido se hizo más fuerte y más real. No había duda, realmente era un maullido, y había algo o alguien que maullaba. Buscó por la casa y se encontró en el salón a un gato.
Era un gato chiquitito, de unos 4 o 5 meses. No supo si decirle hola e invitarle a comer, o pedirle explicaciones por haberse apoderado del sofá sin pedirle siquiera permiso.
Intentó averiguar cual había sido el medio de "entrada" del pequeño felino, y llegó a la conclusión de que sólo podía haber entrado por el balcón. Su piso daba a un patio interior de manzana, al que cientos de pisos igual que el suyo se asomaban con sus pequeños balcones y su ropa tendida, sus geranios y sus toldos de color verde.
No había duda, el gato había entrado por allí. De alguna manera se había metido en un balcón de un cuarto piso. O venía de arriba. O venía de cualquier otro cuarto piso a lo largo de la manzana. Lo cual lo reducía a más de una veintena de viviendas.
Alba no tuvo más remedio que invitarlo a comer. Así que bajó al supermercado de la esquina y compró algo de gusto del felino. Pienso. Y algo para qe se sintiera cómodo. Arena. Así instaló cómodamente al pequeño polizón bigotudo y le dijo que se sintiera como en su propia casa, cosa que ya había hecho, y que sobretodo respetara las cortinas y los cojines de su tía.Y se fue a trabajar pensando en lo increible de su situación. Después de meses viviendo sola y echándo de menos algo de compañía con la que conversar, de repente, sin esperarlo, le llegaba tan curiosa visita.
Al volver del trabajo se lo volvió a encontrar allí. Y le agradó la sensación de saber que alguien le esperaba a la vuelta del trabajo, y te dice hola, y te ronronea un poco. De todas maneras, como sabía que alguien podía echar de menos al gato decidió colgar un cartel en la escalera, junto al ascensor en el que se decía: "Se ha encontrado un gatito blanco y gris, si es de alguien póngase en contacto con Alba".
No había pasado ni 4 horas y ya tuvo ganas de arrancar el papel.
Le pregunté por qué no había colgado más, en los portales de toda la manzana.
Me contestó que le aterraba la idea de que alguien se lo llevara.
Le hacía mucha compañía. Y no hacía ni 24 horas que vivía con él.
Dice que cuando maulla parece que diga "are you lonely tonight".
Por si acaso de momento le llama Elvis.
ofelia
no habrá trompetas ni trombones suficientes
no habrá tambores
ni caballos negros tirando carruajes negros
no habrá paraguas con guirnaldas
no habrá acordeones
ni suficientes lágrimas ni pañuelos blancos
no habrá sombreros de copa
ni niñas con enaguas
ni ancianos de pasos largos
(solo quedará un blues húmedo)
no habrá suficientes músicos
ni suficientes caballos
que la acompañen al reposo eterno
a esa negra voluptuosa
de sonrisa ancha como calles anchas
de ojos de balcones de mil colores
no habrá desfiles en su entierro.
Nueva Orleans reposará ahogada,
triste Ofelia sin juncos,
y no tendrá desfile
ni comparsa de plañideras
ni carruaje negro con caballos negros.
Nueva Orleans reposará ahogada
como una puta cubierta de lodo y las piernas abiertas.
triste Ofelia sin juncos.
sueños polares
maula es una gran cazadora de osos polares
los aguarda en las esquinas con sus orejas hacia atrás, en señal de desafío,
la cola algo arqueada, moviendose medio arrastrada y con la punta hacia arriba.
los vigila, apostada en las esquinas,
escondiendo la cabecita para que no la descubran.
incluso a veces finje estar dormida
(pero si prestas atención ves que en realidad tiene su ojo sano medio abierto)
y entonces se abalanza sobre su presa
con sus uñas preparadas para el ataque
se le reconoce que está cazando osos polares porque corre por los pasillos emitiendo un rugido de guerra, una especie de maullido ronco, acompañado de pequeños saltos y unas orejas más hacia atrás que nunca.
a veces, si la caza ha sido buena
se viene a nuestros pies
con su presa metida en la boca
y su cola balanceándose como en un columpio
entonces, a veces, deja su presa en el suelo
para volverla a coger seguidamente
y demostrarnos, que es suya,
y suyo es, el triunfo
el día menos pensado
maula escuchará la llamada de la selva
y en lugar de osos polares
nos traerá el periquito de la vecina
veranos marchitos
de la misma manera que un día llega el inverno y nos aplasta como una gran manta pesada, el verano se acaba.
yo sólo puedo pensar el verano en granada.
el calor seco subiendo del suelo, y las paredes blancas deslumbrándome al medio día.
notar la diferencia de temperatura al lavarme la cara con agua fría en la terraza.
las baldosas calientes bajo los pies descalzos.
una siesta a la sombra de la parra
una infancia de bichos subiendo por las piernas desnudas y huesudas.
juegos a la sombra de un pino, oliendo a resina y a romero
el cogote quemado
y los ojos entornados
serrín y polvo en los pantalones
cuando era pequeña, después del baño, mi madre me peinaba el pelo para quitarme los enredos. Yo me sentaba en una silla alta en la cocina de mi tía, dónde pasábamos todos los veranos. Luego se cansó, y decidió que era mejor que llevara el pelo corto. Y también decidió tener su propia casa.
ahora
después de la ducha, por la tarde
antes de que anochezca
con los últimos rayos entrando horizontales, a hurtadillas, en la terraza, colándose por debajo de la mesa y de las sillas, me siento en los escalones mientras escucho música y dejo que se seque el pelo.
Y huele a agua y a almendras recién partidas.
pero ahora no es verano
ni granada
es un pueblo gris anclado en los setenta
con autocares y una estación de tren que parecen que nunca va a tener un tren
llueve
y no consigo detectar un rincón en el que suba el olor a tierra mojada.
mira que cosas
hoy es uno de esos días en los que me habría mudado de país, me hubiera cambiado el nombre y hubiera fingido ser otra persona.
Tendría que haberlo hecho.
Y sin embargo, sigo aquí.
Con el rollo de siempre.