sábado, julio 29, 2006

La Atalaya

Derretidos, en constante estado de putrefacción, como restos de comida, abandonados sobre los platos después de un gran ágape.
Desecándonos, doloridos.
En mi atalaya.
No me llega el rumor de los locos.
No se escuchan gritos en la calle.

Este barrio parece como muerto.
Callado y silencioso.
Polvoriento recodo temporal.
Aislados de la realidad.

Como en una pesadilla de la sociedad.

Aquí no me llegan los gritos de los locos.
Ni el olor pútrido de mi Prat.

2 Cosas que me han dicho:

At 10:00 PM, Blogger Sibel me dijo...

Es el olor a queroseno... que provoca adicción...
Y los gritos de los borrachos que salen del Arte a las tantas...
Y las vecinas cotillas...
Y saludar al tío que pone las mesas en la terracita de su bar a las siete de la mañana, cuando tú vas como una autómata a ver si a RENFE le apetece dejarte llegar puntual al trabajo...
Ayss... hogar, dulce hogar...

 
At 6:34 PM, Anonymous andrea me dijo...

esto es chimbizimo uno no consigue lo que quiere que clase de diccionario es este

 

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