cosas absurdas
lo más absurdo del día
que una amiga me llame, para pedirme el teléfono de mi ex, 3 años después de haberlo dejado.
Claro, ante mi estupor, le contesté que su teléfono fue una de las primeras cosas que intenté olvidar, y en ese momento, me di cuenta que era cierto, realmente no tenía ni puta idea de cual era su número.
Me alegré de sentirme tan ligera y liberada.
La cabaña del tío Tom
Carlos había leído tanto a Faulkner que a veces creía que su infancia realmente había pasado en una casa destartalada cerca del Mississipí y que por las noches antes de irse a la cama, una negra vieja de gordos brazos le besaba y abrazaba envolviéndole en un olor a guiso criollo y a sudor rancio.
No obstante, esa mañana, antes de salir de casa se colocó bien su sombrero de paja y cogió su caña de pescar, se subió los pantalones por encima de los tobillos y descendió por el sendero plantado de madreselvas que le llevaba al río.